lunes, 29 de octubre de 2007

Café Bilingua


La resaca del vodka es suave,
no produce el terrible dolor de cabeza
típico de otros licores.
La mañana del sábado
amaneció soleada.
Pareciese que la ciudad
nos dedicara una cálida sonrisa
antes de vestirse
con los ropajes del invierno.
Los rayos de sol
reflejados en la mesa
del Café Bilingua
iluminaban la techumbre marrón
de la estancia.
También las punteras
de las botas de Vasia
lograban retener
algún haz de luz disperso.
Al final, Evgueni tendría razón
al afirmar
que nos había correspondido
un tiempo excelente.
En este garito de poetas
trasnochadores, de bohemios
modernos y atractivas camareras,
es posible reinventar el mundo,
cambiar el sentido de la historia.
Este es el reino pagano
de Svetlana, la sacerdotisa madre
de tan extraño templo.
Con su escotado y ceñido
vestido rojo oficia
entre las mesas,
hipnotizándonos a todos.
Caen las últimas hojas
de los árboles vecinos
mientras, despreocupados
de todo lo externo,
seguimos embriagándonos
con la poesía.

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