sábado, 20 de octubre de 2007

Culturas del Mediterráneo: conflicto y diálogo

Como profesor de Comunicación Oral y Escrita, procuro transmitir a mis alumnos universitarios el firme convencimiento de que intentar establecer todas las vías de comunicación posibles facilita siempre la resolución de conflictos y nos permite conocer mejor la naturaleza de los mismos.
En los últimos tiempos existe un marcado interés, por parte de algunos ideólogos, en establecer una barrera infranqueable en el espacio mediterráneo, que divida el sur musulmán o islámico (olvidando quizá que también existe un sur animista que fluye imparable hacia nuestro enclave cultural y geográfico) y el norte europeo cristiano. ¡Como si pudiésemos hablar de mundos o espacios estancos!
El entendimiento y la convivencia es una necesidad imperiosa, porque el sur ya se encuentra también en el norte, al igual que el norte tiene una presencia y un peso tal en el sur que condiciona su modus vivendi. En Madrid, la segunda lengua más hablada es el árabe. En Barcelona, la tercera, tras el castellano y el catalán. En todas las demás ciudades, y hasta en nuestras más pequeñas poblaciones, la presencia del magrebí, del subsahariano o del eslavo, entre otros, es fácilmente constatable. Por tanto, tenemos la necesidad de conocerles y la obligación moral de hacerles copartícipes de una sociedad que no les puede volver la cara. Asimismo, estos hijos del desarraigo también tienen la obligación de conocer y respetar el contexto cultural y social del que desean formar parte.
Los flujos migratorios masivos son un fenómeno relativamente reciente en la cuenca mediterránea, aunque con numerosos precedentes en la Historia, y es preciso establecer nuevos estilos y maneras de comunicarse en una sociedad multicultural y plurilingüe. Y a pesar de que a todos nos atañe la responsabilidad de conseguir estos fines, la escuela y la universidad tendrán una importancia primordial en el desarrollo y aplicación de nuevas pautas de convivencia y de comunicación inter e intraculturales.
El PEN Club Internacional, sociedad mundial de escritores que reúne en su seno a más de quince mil poetas, ensayistas, narradores, periodistas y editores, tiene como principal objetivo promover la cooperación intelectual y la tolerancia mutua entre los escritores para realzar el papel relevante de la literatura como transmisora de la memoria tangible e intangible de los pueblos y así defenderla ante las vicisitudes de la sociedad contemporánea. Pero dado el hecho de que estos fines implican una colaboración internacional que no puede darse sin la necesaria libertad de expresión, es preciso luchar enérgicamente contra la censura política y trabajar con eficacia para defender los derechos de los creadores que caen víctimas de las torturas, de los encarcelamientos o de los asesinatos, propios de las tiranías y las dictaduras.
Así pues, las distintas administraciones: central, autonómicas, locales, etc., al igual que las numerosas instituciones radicadas en nuestra sociedad, deben promover y organizar actividades que propicien el diálogo, el conocimiento y fortalecimiento de una identidad cultural común y el encuentro a través del arte, de la literatura y del análisis de los hechos sociales y científicos, en lugar de cerrar las puertas y las mentes subrayando elementos diferenciadores excluyentes, del tipo que fueren.
Por otro lado, si la tolerancia consiste en el respeto y aprecio de las diferentes culturas, es fundamental acceder a los textos y obras referenciales de los distintos pueblos y facilitar el trasvase y difusión de dichas manifestaciones culturales. Nuestra experiencia en el mundo editorial nos confirma que sí existen numerosos lectores ávidos de novedosas propuestas de temas, autores y obras literarias, que les permitan conocer más en profundidad el espacio y el tiempo histórico que compartimos, en el que nos hallamos inmersos, y que nos marca nuevos horizontes artísticos y literarios, a los que nos conduce el mestizaje e interacción cultural que ya caracteriza la etapa histórica que estamos viviendo.
Como creador, considero imprescindible el apoyo y solidaridad entre quienes tienen el poder de la palabra, legado que facilita la comunicación entre los pueblos así como el entendimiento y la concordia entre los hombres. En definitiva, entiendo la literatura como reto y compromiso que nos permita creer en un mundo mejor.
Nos encontramos en una situación geográfica estratégica y privilegiada, que nos convierte, lo queramos o no, en frontera y en puente entre continentes, civilizaciones y culturas. Tenemos, por tanto, la obligación de preservar y seguir favoreciendo nuestro pluralismo y diversidad para poder acuñar las actuales señas de identidad culturales e históricas de la cuenca mediterránea, en general, y del iberoafroamericanismo, en el caso particular de España. Porque es menester abandonar el enfoque cerrado y endogámico que a menudo nos guía, para poder vislumbrar la difusión y trascendencia que nos ofrece el camino del diálogo en un marco internacional, más amplio y universalista, fuera de nuestro gueto mediterráneo. Sólo de esta manera, lograremos que el Mare Nostrum se torne en un contexto humano, civilizador y cultural que contribuya eficazmente a la tan propugnada Alianza de Civilizaciones. Que así sea.

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