martes, 23 de octubre de 2007

Matemáticamente infinita (prólogo al libro "Poemas del amor diverso" de Gloria Nistal)



L’Amor che mueve el sole e
l’altre stelle
Dante Alighieri

Comienzo este prólogo entre salas de espera y puertas de embarque, como si tuviese que recomenzar de continuo un viaje, quizá literario, o estuviera destinado a cambiar repetidamente de lugar y de punto de llegada. Es decir, estoy en camino (o en el camino) hacia un destino en verdad confuso.
Estas constantes partidas podrían representar, de manera metafórica, el afán del creador por encontrar su propia razón de ser y, en última instancia, de justificar la búsqueda personal en la que todos estamos inmersos.
Es ahí donde surge la voz propia –el grito a veces– que clama por obtener respuestas, interpelando a una supuesta providencia poética que debería atender nuestras súplicas y ofrecernos remedio para combatir la angustia vital que nos oprime el alma, que nos ahoga por momentos.
Así pues, en este constante nomadeo me hallo y en dichas circunstancias abordo la poesía de Gloria Nistal. Esperando, acaso, encontrar solución a tantos enigmas que nos circundan.
Entramos en pista para despegue. E iniciamos el vuelo:

A la altura de tu mirada me encaramo.

Acompañar a Gloria en su segunda travesía poética supone un ejercicio de transmutación, que nos encierra en un cuerpo y en un cerebro ajeno, haciéndonos sentir como propias experiencias, emociones y sentimientos que acontecen a nuestro hospitalario organismo poético receptor. De esta manera, no resulta difícil percibir, a través de la piel de Gloria Nistal, un conjunto de realidades y ensueños que no son usuales en nuestra habitual morada corpórea.
Es así como compartimos el amor, carnal, lúbrico, que estremece los versos de nuestra autora, casi desde el comienzo de la lectura, una sensación que emana a través de la poesía de Gloria y que termina apoderándose de la totalidad de nuestros sentidos.
Amor sin tapujos, con la fuerza de un oleaje brioso y la suavidad acariciadora de la espuma. Amor fluido, que se escapa entre los dedos y que intentamos retener cerrando las manos:

escribirte, recorrerte la piel y los latidos, acariciarte.

Amor anhelado que llega con la madurez. Porque sólo se añora lo que se pierde, aquello que nunca nos pertenecerá.
Los poemas que incluye este libro, ordenados alfabéticamente por las capitulares de sus primeros versos, fueron escritos entre 1992 y 2006. Etapa de pérdidas y cambios en la vida de su autora, que se traducen en una necesidad de comunicar, de contar mediante la creación escrita, de manera prolífica, aunque atesorada en morosa exclusividad hasta que se decide a publicarla casi una década y media después. Obra cuajada en sus diferentes lugares de residencia durante los citados años: España, Bélgica, Uruguay, Irlanda y Guinea Ecuatorial, a caballo entre tres continentes y con una cantidad ingente de kilómetros recorridos en su haber, para buscar o quizá para escapar de su propio destino. Y así, el índice de este poemario se convierte, como si de escritura automática se tratase, en improvisado cuaderno de bitácora, en resumida guía de viaje. De un viaje existencial y azaroso, repleto de sensaciones que contar y compartir.
Este libro encierra una hermosa historia de entregas y de amores posibles. Es un canto de liberación y de lucha. Pero también alberga, sencillamente, la voz poética de una mujer orgullosa de serlo, y al mostrarse como tal, sin fingimientos ni dudas, nos da una lección de autenticidad y de valentía.
La presencia constante del paisaje –el trópico o la ciudad, países exóticos o metrópolis europeas, lo mismo da– ofrece la escenografía perfecta a las emociones que se describen a lo largo de esta azarosa travesía sentimental y literaria de nuestra poeta. Pasando de la ensoñación a la realidad, traspasando límites, superando la propia realidad.
Puentes y pasadizos que conducen a las ansiadas entrañas del deseo, a espacios que se abren complacientes a la voluntad de quien los atraviesa.
El lenguaje y el estilo de la poesía de Gloria Nistal son eclécticos, precisos, eficaces y, en numerosas ocasiones, contundentes. Incluso cuando aborda el tema amoroso, la poeta se decanta por el término que pellizca o aprieta, que comprime o abofetea, que nos sacude siempre, en vez de decantarse por la palabra atenuada o amable.
Desfilan a lo largo de poemas, estrofas y versos –enlazados todos si bien podrían ser considerados de manera independiente, deslavazadamente incluso–, personas, personajes y dioses. La madre ausente, el Todopoderoso confidente, la espectadora que ver pasar su vida entre los créditos de sus películas preferidas, la amante que se afana por descubrir las fuentes del deseo, la niña sabia, la vieja inocente, la formulación imposible, la matemática del espejo, Borges, él, ella, los otros y el infinito repleto de oscuridad y estrellas que se agitan con leve temblor.
Y si nos obstinamos en dibujar el perfil poético de Gloria Nistal, terminaremos modelando un poliédrico rostro, de ángulos imposibles, que nos muestra a un ser multilingüe, iconográfico, mitológico, inclasificable, salvaje, repartido en alientos, conscientemente binario, aunque analógico, lógicamente borroso, insospechado, dual, desequilibrado, opulento, pródigo, iconoclasta y esencialmente pobre. En resumen, una persona matemáticamente infinita.
Por todo ello, avisado estás lector. No has de encontrar un camino fácil y cómodo si te adentras en la lectura de este libro. Muy al contrario, deberás levantar las piedras del camino, una a una, si deseas hallar las claves que te ayuden a desentrañar secretos y enigmas que encontrarás por doquier. Has de arriesgarte a formular hipótesis imposibles si acaso deseas encontrar una lógica razón de ser. Pero, sobre todo, debes borrar el disco duro de tus acomodadas circunstancias si optas por compartir sensaciones y vivencias que te muestren el mundo a través de la mirada de Gloria. Pasar del mundo de la luz delatora al mundo de la oscuridad cómplice.
Sombras entrelazadas. Sombras de los cuerpos que se unen con las sombras de las almas, buscándose en las noches sembradas de tristezas.
«Soy Sombra y mi morada está al lado de las catacumbas de Ptolomaïs y muy cerca de esas sombrías llanuras infernales que cercan el impuro lago de Caronte…!» De esta manera contesta la sombra, en la obra del mismo título de Poe, a quien el griego Oinos preguntó por su morada y su nombre. Y «el timbre de voz de la sombra no era el timbre de un solo individuo, sino de multitud de seres; y esta voz, variando sus inflexiones de sílaba en sílaba, resonaba confusamente en nuestros oídos; imitando los acentos conocidos y familiares de millares y millares de amigos desaparecidos…». Ecos similares encontramos en la poesía de Gloria Nistal.
Máximo D’Azeglio afirmaba que:

Amor es el intercambio de dos
fantasías y el contacto de dos egoísmos.

Es decir, una entrega imposible, dos polos destinados a atraerse eternamente, que jamás llegarán a fusionarse, produciendo el roce reiterado del hierro herido por el pedernal una lluvia incandescente de partículas que pueden tatuarnos la piel, aunque jamás alcanzarán nuestras vísceras.
Así pues, debes optar, lector. Elegir entre seguir el rumbo que te marque la brújula imantada que siempre señala el itinerario marcado, o bien dejarte seducir por las nuevas sendas que, a golpe de machete, desbroza para nosotros Gloria Nistal y que han de conducirte a recónditos lugares de belleza y sensualidad turbadoras, aunque no exentos de múltiples peligros que han de acecharte en cada recodo del camino que deberás recorrer.
En tus manos tienes la elección. Mas recuerda que sobre cobardes no hay nada escrito.

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