miércoles, 9 de enero de 2008

La mirada de África










No resulta tarea fácil intentar definir con un título, cargado de subjetividad y de sensaciones tan diversas, el compendio de pueblos, gentes, paisajes y vivencias que recoge la presente exposición fotográfica.
Este álbum africano surgió como resultado de un viaje a Senegal y Gambia realizado en el verano de 1999. Durante ese viaje, exento de los riesgos que antaño amenazaban a los viajeros occidentales que se adentraban en las entrañas del gran continente negro, tuve la fortuna de descubrir por primera vez el África subsahariana, una experiencia largamente esperada y necesaria. En mi pequeña aventura africana conté con la grata y divertida compañía de un entrañable grupo de compañeros de viaje y, sobre todo, de alguna persona muy especial, con quien compartí experiencias inolvidables.
Sin embargo, era menester poner título a estas instantáneas africanas. Me he inclinado por uno simple y algo utópico pero que describe fielmente la idea del autor al intentar reflejar cuanto le impresionó de tan peculiar periplo africano: “La mirada de África”. Ciertamente, las miradas de los africanos fueron lo más sorprendente. Como diría un buen amigo, escritor y algo bohemio, el paisaje carece de valor sin el paisanaje. Y en esta ocasión el paisanaje mostraba la elocuencia de su alma africana a través de la mirada, de sus miradas. Porque los africanos miran con fijeza, intensidad, curiosidad, alegría, dulzura, insinuación, dolor y pena. De esta manera desvelan al visitante sus sentimientos y sus temores. El continente africano recuerda así a los que diseccionaron su topografía a golpe de escuadra y cartabón que no pudieron llevarse la más valiosa de sus riquezas naturales: la esencia africana. Y ese espíritu africano reclama a los hijos que le fueron arrancados durante siglos, un alma que sufre en silencio la sed, la enfermedad, el expolio, la sumisión y el hambre de sus habitantes y de sus tierras. Y esa mirada es un reto, un grito de dolor largamente silenciado, una lucha callada. Esos ojos suplican, piden, reclaman y exigen. Nos obligan a tomar conciencia de que somos en gran parte responsables de su gran pena, de su mala suerte, de su enorme desconcierto.
Nunca podré olvidar a los niños con quienes me crucé que, sembrados con la inocencia y la esperanza, esperaban una oportunidad para ser, para sentir, para diseñar su mundo. Tampoco se me borra de la retina el agotamiento que doblegaba la espalda de los mayores, cansados de llevar toda su vida tan pesada carga, sin alcanzar a entender por qué les arrebataron las ilusiones y los sueños.
Pero África es también sensualidad, exuberancia, alegría y color. África nos hace guiños para que descifremos sus claves, para que surquemos su ríos, para que nos adentremos en la espesura y crucemos sus desiertos de arena y de sal. África es un estallido de vida que nos invita a aguzar nuestros sentidos para disfrutar de irrepetibles sensaciones.
Todo lo anteriormente descrito es lo que he intentado captar a través del objetivo de la cámara fotográfica. Instantáneas que tienen vida propia e historias que transmitirnos. Fugaces instantes que permanecerán.
Les invito a compartir, en definitiva, mi particular experiencia africana. Espero que les guste y que nos permita a todos reflexionar sobre la cruda realidad del continente vecino. Una realidad que es la nuestra.




2 comentarios:

Sintagma in Blue dijo...

Magníficas fotos y sin duda dan ganas de salir corriendo hacia allí.

besos

Sintagma in Blue dijo...

En trueque, te mando el link del blog donde colgué las fotos del viaje a Oaxaca en el XV Encuentro de Mujeres Poetas en el País de las Nubes:

http://bajandodelanube.blogspot.com/