jueves, 10 de enero de 2008

Premio Vallecas Cuenta 2006



No siempre es fácil comunicarse con los jóvenes. Cuando traspasamos la primera puerta que nos adentra en la madurez, comenzamos a mirar la vida desde un punto de vista excesivamente alejado del que utilizábamos para focalizar el mundo cuando también nosotros, alguna vez, fuimos transgresores, impulsivos y temperamentales. Me refiero, claro está, a la etapa de nuestras vidas en la que tomamos conciencia de lo que cuesta a veces ser fiel a uno mismo y, especialmente, en la que asimos el timón de nuestro destino.
Conforme avanzamos por la senda de nuestro devenir, vamos olvidando aquello por lo que estuvimos a punto de darlo todo: emociones, sentimientos, pasiones e ideales que llegaron a configurar nuestra personalidad y modelaron la vida que nos tocó en suerte.
Por todo ello, cuando nos encontramos con un libro como el que tienes en tus manos, amigo lector, con un ramillete de historias frescas, nuevas, contadas por jóvenes narradores, empezamos a redescubrir vivencias y sensaciones alojadas en la memoria, que nos transportan a etapas vitales pretéritas. Y nos sentimos copartícipes del proceso creativo que envuelve a cada una de las obras que ponen a nuestra disposición los finalistas del Primer Certamen de Relato Corto “Vallecas Cuenta” (ardua tarea por cierto la de los jurados). De temática y estilos muy distintos, pero compartiendo la inspirada intuición de quienes buscan una voz propia, abordando los temas de siempre, y encuentran nuevos argumentos para dotar de sentido nuestra realidad. Literatura y vida, ya se sabe, están íntimamente ligadas.
Nos decía el gran escritor uruguayo Horacio Quiroga, artífice del Decálogo del perfecto cuentista, que no empecemos a escribir sin saber desde la primera palabra adónde queremos llegar. También recomendaba tener fe ciega no en nuestra capacidad para el triunfo sino en el ardor con que lo deseamos.
Es posible que los autores recogidos en este libro no tengan conciencia clara de lo que les depara su futuro literario, pero sí saben que comparten una vocación y la incertidumbre respecto a la suerte que les tiene reservada el destino. Y aunque ignoren las vicisitudes que les deparará su particular singladura literaria, es indudable que todos se hallan ya inmersos en una búsqueda que comienza a dar sus frutos.
Así se convierten en notarios de un tiempo que han sabido atesorar en sus respectivas historias. Y que, como lectores, también podremos hacer nuestras.
De esta manera, al convertirnos en destinatarios de sus obras, les otorgamos carta de naturaleza como creadores y conseguimos dar vida a estos relatos.

1 comentario:

Felipe dijo...

Casi tres años después y tras dos reclamaciones a la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Madrid, sólo quiero dejar patente que, como "agraciado" con la mención especial del jurado por mi relato "Las espinas de las rosas" en el primer Vallecas Cuenta, jamás recibí ejemplar alguno del libro en cuestión. Se trataba de mi primer relato, pero la ilusión se tornó en frustración al ver que era completamente ignorado por la organización, lo que me llevó a entrar en una espiral de reclamaciones y burocracia que no sirvió de nada. Así que, tal fue mi berrinche que no volví a escribir en mucho tiempo. Hasta que hace poco me volvió a picar el gusanillo con un microrrelato y aunque no ganador, sí fue seleccionado y ya está publicado en libro junto con otros. Esto me ha motivado y ya ando enfrascado de nuevo con la escritura. A lo que voy es que un certamen bien organizado genera motivación e ilusión, mientras que uno mal organizado puede provocar el efecto contrario.

Perdón por la extensión, pero sólo quería que alguien relacionado con ese certamen lo supiera.