jueves, 10 de enero de 2008

Premio Vallecas Cuenta 2007



José Joubert, moralista francés que nació a mediados del siglo XVIII, afirmó que la literatura de los pueblos comienza con las fábulas y termina plasmándose en las novelas.
Mi abuela Inés, que nació y vivió un siglo y pico después, me inculcó a través de los cuentos los valores que a ella le habían transmitido sus mayores con historias parecidas.
A mis hijos, que aún no saben escribir su nombre, he procurado enseñarles a bucear en los libros para encontrar la explicación a las múltiples preguntas que me formulan a diario. Primero se fijaron en las imágenes pero, poco a poco, han ido descubrimiento la terrible atracción de la palabra escrita, la magia que encierra el alma de las letras, los cuentos que alimentan sus vidas. Aunque todavía no sepan descifrarlos.
Apenas dos siglos y medio separan a Joubert de mis retoños y, en el fondo, todos configuramos la misma historia: la búsqueda de nuestras raíces mediante la oralidad primero y en las historias breves, los cuentos, posteriormente; para terminar zambulléndonos en densos novelones de cientos de páginas, porque, en el fondo, no deseamos que concluya excesivamente pronto la magia que nos invade cuando leemos un libro, la atmósfera que se logra crear mediante la buena literatura. Preferimos agotar lo conocido porque, con los años, nos desazona lo que está por venir.
Efectivamente, cuando somos pequeños nos estimulan con la literatura oral tradicional, conservada desde tiempos remotos, acicalada con los gustos y estéticas del momento; en la adolescencia descubrimos que vivir sin contar no merece la pena y terminamos constatando que quienes cuentan viven más o quizás viven, como mínimo, dos veces. Y solemos agotar nuestro saldo vital sin conseguir hallar explicación a nuestro desconcierto.
En definitiva, celebramos la segunda convocatoria del Premio de Relato Corto Vallecas Cuenta que, en dos años escasos, ha logrado crear un semillero de jóvenes narradores –cuentistas diría mi abuela- que alumbran una interesante vocación literaria, consolidada en casi todos los casos, a pesar de su juventud, con oficio y dedicación. Hombres monstruosos que alimentan a las palomas, un viejo arcabuz literario, los entresijos vitales de una de nuestras glorias de las letras, un puño que golpea con saña y sin razón, o la muerte encerrada en un reloj, pueden ser, ¿por qué no?, una puerta adecuada para adentrarnos en la lectura.
No lo duden, amigos lectores, entre los cinco galardonados cuyos relatos se recogen en este libro, veremos brotar, en un futuro no muy lejano, la mejor simiente creativa, la narrativa más rabiosamente nueva y rompedora, aunque bebiendo siempre en las fuentes de nuestra completísima nómina de escritores de referencia. Un lujo para nuestra cultura y, especialmente, para la inteligencia.
No lo duden, lean y vivan, para contarlo después, o antes, ¡qué más da!

No hay comentarios: