miércoles, 16 de enero de 2008

Poesía en lengua bubi



Queridos amigos:
El próximo jueves, 17 de enero de 2008, a las 20.00 horas, tendrá lugar la presentación del libro Poesía en lengua bubi (Antología y estudio), de Justo Bolekia Boleká, publicado por Sial Ediciones, en la Fundación Sur (C/. Gaztambide, 31, 28015 Madrid. Tel.: 91 544 18 18).
Intervendrán en el acto:
Carlos García Casas, Fundación Sur,
Hortense Djomeda, traductora, escritora y prologuista,
Marta Sofía López Rodríguez, profesora de la Universidad de León,
Guillermina Mekuy, escritora,
Enrique León Chacón, coordinador de la Red de Centros Culturales de la AECI,
Basilio Rodríguez Cañada, editor y presidente del PEN Club de España,
y el autor del libro.

No faltéis. Os esperamos.

José Ramón Trujillo y Basilio Rodríguez

Sial Ediciones
C/. Bravo Murillo, 123 - 3.º Izda.
28020 Madrid
Teléfono: 91 535 41 13 - Fax: 91 535 70 53
Correo electrónico:
prensa@sialedicion.es


No quiero que te untes el cuerpo con aceite blanco
No quiero que te trences el cabello con hilos
No quiero que te depiles tus cejas
quiero que te untes con toola
Quiero que reluzcas toda tú
Quiero que las ancianas trencen tus cabellos
Con temblorosos dedos
Y que tu cuerpo brille
Cuando bailes, rayos de toola
La belleza de las doncellas en flor
Tu belleza.

jueves, 10 de enero de 2008

Teatro: comunicación total

Podríamos definir el teatro como el arte de la palabra y de la expresión corporal, pero dejaríamos fuera múltiples matices que también caracterizan al denominado género dramático. Ya que el teatro es una representación del hombre y del mundo que nos engloba, un microcosmos en el que afloran experiencias, sentimientos y emociones que nos vinculan con la arquitectura que acoge este acto comunicativo y con los actores que dan vida a existencias imaginarias y ajenas, aunque tan vivas y, sobre todo, tan propias de cada uno de los espectadores, que nos parece estar observando el devenir de nuestra particular existencia.
El teatro es, por tanto, un modo de comunicar, una forma de poder reflejar nuestra poliédrica personalidad, de tan diferentes caras, con aristas y vértices, un contexto inigualable para reconocer las innumerables facetas y aspectos que nos definen.
Es cierto que existe otro tipo de teatro, espectáculos que cuentan historias, con la parafernalia teatral pero sin actores en escena –teatro de marionetas, de sombras, etc.– pero siempre hay un actor, un manipulador de la realidad, alguien que opera con las manos o con cualquier instrumento para recrear un mundo que puedan imaginar los espectadores.
Bien, una vez identificado al emisor, el actor o el manipulador, en su acepción más positiva, y el receptor, el espectador, el público, como destinatarios del mensaje, analicemos brevemente el contexto donde se realiza el proceso de la comunicación teatral: el teatro como lugar, como arquitectura comunicativa.
De modo esquemático, el teatro diferencia dos espacios, uno destinado al público y otro donde tiene lugar la representación. De esta manera, se establece una separación radical entre los sujetos que desean comunicarse, puesto que existen incluso barreras físicas que impiden la interconexión de unos y otros. El teatro clásico ha respetado, no sin cierta solemnidad, dicho apartamiento, justificando que cada uno debe ocupar el lugar que tiene asignado para mantener el equilibro de la representación. Y así ha ocurrido hasta que los directores y escenógrafos más innovadores han osado atreverse a enfrentarse al planteamiento canónico y algo caduco del teatro tradicional.
Tras las primeras experiencias que transgredieron las normas vetustas a las que hemos hecho referencia, la comunicación teatral cambia radicalmente, porque los personajes que ficcionan las historias imaginadas por el espectador se introducen en su espacio personal e íntimo, pudiendo llegar a vulnerar su propia independencia física y pudiéndole convertir, de facto, en sujeto actor del proceso comunicativo, en intérprete de esa obra que recrea el mundo imaginado por él, en emisor del mensaje, con lo que logran intercambiar roles y enriquecer la obra teatral, que así se transforma en un acto de comunicación total.
En definitiva, allá donde se encuentren dos sujetos que deseen comunicarse habrá teatro, porque podrán representar –normalmente es una dramatización–, la propia vida. Y si nos atrevemos a distanciarnos del personaje o personajes que habitualmente encarnamos, pasaremos de la mera actuación a la dirección de escena, es decir, a ser los artífices de la historia que imaginamos o de la que deseemos formar parte.
Por todo ello, cuando vemos anunciado un nuevo ciclo de teatro que se ha de desarrollar en un contexto aparentemente poco elitista: un centro de la tercera edad, un colegio mayor universitario o un centro cultural municipal, por ejemplo el Certamen de Teatro Clásico de Moratalaz, ya en su octava edición, que pretende fomentar y apoyar la actividad teatral de los grupos de teatro no profesionales, con escasos medios e imaginativas escenografías con las que logran involucrar al público y hacerles participar activamente en las diferentes obras representadas, con planteamientos vanguardistas, aunque sin alharacas y con escasa difusión mediática, podemos estar seguros de que el teatro, en contra de lo que vienen anunciando quienes vaticinan su fin irremediable, absorbido o anulado por las nuevas tecnologías, tiene más vigencia que nunca. Pues la magia teatral consiste en la convergencia de los sueños que alientan unos y viven otros. O quizá es al contrario. Poco importa el orden de factores.
Porque, en definitiva, el teatro nos da vida y la vida es puro teatro.

Premio Vallecas Cuenta 2007



José Joubert, moralista francés que nació a mediados del siglo XVIII, afirmó que la literatura de los pueblos comienza con las fábulas y termina plasmándose en las novelas.
Mi abuela Inés, que nació y vivió un siglo y pico después, me inculcó a través de los cuentos los valores que a ella le habían transmitido sus mayores con historias parecidas.
A mis hijos, que aún no saben escribir su nombre, he procurado enseñarles a bucear en los libros para encontrar la explicación a las múltiples preguntas que me formulan a diario. Primero se fijaron en las imágenes pero, poco a poco, han ido descubrimiento la terrible atracción de la palabra escrita, la magia que encierra el alma de las letras, los cuentos que alimentan sus vidas. Aunque todavía no sepan descifrarlos.
Apenas dos siglos y medio separan a Joubert de mis retoños y, en el fondo, todos configuramos la misma historia: la búsqueda de nuestras raíces mediante la oralidad primero y en las historias breves, los cuentos, posteriormente; para terminar zambulléndonos en densos novelones de cientos de páginas, porque, en el fondo, no deseamos que concluya excesivamente pronto la magia que nos invade cuando leemos un libro, la atmósfera que se logra crear mediante la buena literatura. Preferimos agotar lo conocido porque, con los años, nos desazona lo que está por venir.
Efectivamente, cuando somos pequeños nos estimulan con la literatura oral tradicional, conservada desde tiempos remotos, acicalada con los gustos y estéticas del momento; en la adolescencia descubrimos que vivir sin contar no merece la pena y terminamos constatando que quienes cuentan viven más o quizás viven, como mínimo, dos veces. Y solemos agotar nuestro saldo vital sin conseguir hallar explicación a nuestro desconcierto.
En definitiva, celebramos la segunda convocatoria del Premio de Relato Corto Vallecas Cuenta que, en dos años escasos, ha logrado crear un semillero de jóvenes narradores –cuentistas diría mi abuela- que alumbran una interesante vocación literaria, consolidada en casi todos los casos, a pesar de su juventud, con oficio y dedicación. Hombres monstruosos que alimentan a las palomas, un viejo arcabuz literario, los entresijos vitales de una de nuestras glorias de las letras, un puño que golpea con saña y sin razón, o la muerte encerrada en un reloj, pueden ser, ¿por qué no?, una puerta adecuada para adentrarnos en la lectura.
No lo duden, amigos lectores, entre los cinco galardonados cuyos relatos se recogen en este libro, veremos brotar, en un futuro no muy lejano, la mejor simiente creativa, la narrativa más rabiosamente nueva y rompedora, aunque bebiendo siempre en las fuentes de nuestra completísima nómina de escritores de referencia. Un lujo para nuestra cultura y, especialmente, para la inteligencia.
No lo duden, lean y vivan, para contarlo después, o antes, ¡qué más da!

Premio Vallecas Cuenta 2006



No siempre es fácil comunicarse con los jóvenes. Cuando traspasamos la primera puerta que nos adentra en la madurez, comenzamos a mirar la vida desde un punto de vista excesivamente alejado del que utilizábamos para focalizar el mundo cuando también nosotros, alguna vez, fuimos transgresores, impulsivos y temperamentales. Me refiero, claro está, a la etapa de nuestras vidas en la que tomamos conciencia de lo que cuesta a veces ser fiel a uno mismo y, especialmente, en la que asimos el timón de nuestro destino.
Conforme avanzamos por la senda de nuestro devenir, vamos olvidando aquello por lo que estuvimos a punto de darlo todo: emociones, sentimientos, pasiones e ideales que llegaron a configurar nuestra personalidad y modelaron la vida que nos tocó en suerte.
Por todo ello, cuando nos encontramos con un libro como el que tienes en tus manos, amigo lector, con un ramillete de historias frescas, nuevas, contadas por jóvenes narradores, empezamos a redescubrir vivencias y sensaciones alojadas en la memoria, que nos transportan a etapas vitales pretéritas. Y nos sentimos copartícipes del proceso creativo que envuelve a cada una de las obras que ponen a nuestra disposición los finalistas del Primer Certamen de Relato Corto “Vallecas Cuenta” (ardua tarea por cierto la de los jurados). De temática y estilos muy distintos, pero compartiendo la inspirada intuición de quienes buscan una voz propia, abordando los temas de siempre, y encuentran nuevos argumentos para dotar de sentido nuestra realidad. Literatura y vida, ya se sabe, están íntimamente ligadas.
Nos decía el gran escritor uruguayo Horacio Quiroga, artífice del Decálogo del perfecto cuentista, que no empecemos a escribir sin saber desde la primera palabra adónde queremos llegar. También recomendaba tener fe ciega no en nuestra capacidad para el triunfo sino en el ardor con que lo deseamos.
Es posible que los autores recogidos en este libro no tengan conciencia clara de lo que les depara su futuro literario, pero sí saben que comparten una vocación y la incertidumbre respecto a la suerte que les tiene reservada el destino. Y aunque ignoren las vicisitudes que les deparará su particular singladura literaria, es indudable que todos se hallan ya inmersos en una búsqueda que comienza a dar sus frutos.
Así se convierten en notarios de un tiempo que han sabido atesorar en sus respectivas historias. Y que, como lectores, también podremos hacer nuestras.
De esta manera, al convertirnos en destinatarios de sus obras, les otorgamos carta de naturaleza como creadores y conseguimos dar vida a estos relatos.

miércoles, 9 de enero de 2008

La mirada de África










No resulta tarea fácil intentar definir con un título, cargado de subjetividad y de sensaciones tan diversas, el compendio de pueblos, gentes, paisajes y vivencias que recoge la presente exposición fotográfica.
Este álbum africano surgió como resultado de un viaje a Senegal y Gambia realizado en el verano de 1999. Durante ese viaje, exento de los riesgos que antaño amenazaban a los viajeros occidentales que se adentraban en las entrañas del gran continente negro, tuve la fortuna de descubrir por primera vez el África subsahariana, una experiencia largamente esperada y necesaria. En mi pequeña aventura africana conté con la grata y divertida compañía de un entrañable grupo de compañeros de viaje y, sobre todo, de alguna persona muy especial, con quien compartí experiencias inolvidables.
Sin embargo, era menester poner título a estas instantáneas africanas. Me he inclinado por uno simple y algo utópico pero que describe fielmente la idea del autor al intentar reflejar cuanto le impresionó de tan peculiar periplo africano: “La mirada de África”. Ciertamente, las miradas de los africanos fueron lo más sorprendente. Como diría un buen amigo, escritor y algo bohemio, el paisaje carece de valor sin el paisanaje. Y en esta ocasión el paisanaje mostraba la elocuencia de su alma africana a través de la mirada, de sus miradas. Porque los africanos miran con fijeza, intensidad, curiosidad, alegría, dulzura, insinuación, dolor y pena. De esta manera desvelan al visitante sus sentimientos y sus temores. El continente africano recuerda así a los que diseccionaron su topografía a golpe de escuadra y cartabón que no pudieron llevarse la más valiosa de sus riquezas naturales: la esencia africana. Y ese espíritu africano reclama a los hijos que le fueron arrancados durante siglos, un alma que sufre en silencio la sed, la enfermedad, el expolio, la sumisión y el hambre de sus habitantes y de sus tierras. Y esa mirada es un reto, un grito de dolor largamente silenciado, una lucha callada. Esos ojos suplican, piden, reclaman y exigen. Nos obligan a tomar conciencia de que somos en gran parte responsables de su gran pena, de su mala suerte, de su enorme desconcierto.
Nunca podré olvidar a los niños con quienes me crucé que, sembrados con la inocencia y la esperanza, esperaban una oportunidad para ser, para sentir, para diseñar su mundo. Tampoco se me borra de la retina el agotamiento que doblegaba la espalda de los mayores, cansados de llevar toda su vida tan pesada carga, sin alcanzar a entender por qué les arrebataron las ilusiones y los sueños.
Pero África es también sensualidad, exuberancia, alegría y color. África nos hace guiños para que descifremos sus claves, para que surquemos su ríos, para que nos adentremos en la espesura y crucemos sus desiertos de arena y de sal. África es un estallido de vida que nos invita a aguzar nuestros sentidos para disfrutar de irrepetibles sensaciones.
Todo lo anteriormente descrito es lo que he intentado captar a través del objetivo de la cámara fotográfica. Instantáneas que tienen vida propia e historias que transmitirnos. Fugaces instantes que permanecerán.
Les invito a compartir, en definitiva, mi particular experiencia africana. Espero que les guste y que nos permita a todos reflexionar sobre la cruda realidad del continente vecino. Una realidad que es la nuestra.




martes, 8 de enero de 2008

Santiago Castelo


Fotografía: Carlos Cruz Mondragón, 2007.


José Miguel Santiago Castelo es un gran intelectual extremeño, un magnífico poeta y un brillante profesional del periodismo, que brinda su ayuda generosa a innumerables periodistas, escritores y amigos.
Es un digno representante del talante conciliador y afable de los hombres y mujeres de nuestra tierra.
Un ejemplo a seguir.
Una persona a la que admiro.