viernes, 27 de febrero de 2009

Balduino de Jabardo



Para B. Martín Benito

Era un coleccionista de pasiones.
Por su lecho habían pasado
todo tipo de mujeres:
varios cientos de doncellas,
numerosas lolitas quinceañeras,
melancólicas gatitas,
tigresas aleonadas,
muchachas de exóticos colores,
niñas, nenitas y princesas.
Era un auténtico donjuán,
un impenitente vividor.
Bailaba con habilidad los tangos
y derrochaba sensualidad
cuando atraía hacia sí
la redondeada flor de un talle.
Rozaba el canon de perfección,
aunque carecía de racional mesura.
Siempre se encontraba
en un profundo estado
de embriaguez vital.
Su lujuria carecía de límites.
Nunca rechazó la dulce
exquisitez de un beso,
tampoco eludió jamás
el felino reclamo de una mirada.
Rubricaba su acusada y peculiar
personalidad, con una inolvidable
sonrisa de pícaro niño travieso.
Todas pretendían enjaularle
pero él era un espíritu libre.

Guerrero a pecho descubierto,
infatigable caballero del amor.

Mujeres, si el deseo no visitó
vuestras cálidas nubes de seda,
a Balduino de Jabardo buscad,
que él sí sabrá cómo satisfaceros.

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