viernes, 27 de febrero de 2009

Ceguera histérica



No podía imaginarla en los brazos
de otro hombre, recibiendo caricias
que no fuesen las mías,
siendo amada por otro.
Era imposible que labios extraños
recorriesen la tersura de su piel,
que manos ajenas la izasen en mi ausencia.
Me resultaba inconcebible pensar
que se pudiese derramar su cuerpo
sobre músculos tensados distintos
a los que ella ungió en mí.
Jamás deseé averiguar la causa
de sus retrasos y faltas constantes,
nunca sentí la necesidad de hurgar
entre sus cosas o en su vida anterior;
ni siquiera supe ni quise entender
el motivo de su abatimiento.
Pero una noche fue vana la espera,
inútil la tarea de imaginar
excusas y confiar en su regreso.

Con una breve nota justificó su marcha,
sin darme una oportunidad de perdonarla,
de seguir ignorando.

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