martes, 2 de junio de 2009

Leyendas y relatos de Guinea Ecuatorial y Los últimos de Guinea. El fracaso de la descolonización de José Menéndez Hernández



Queridos amigos:

El próximo jueves, 4 de junio de 2009, a las 20.00 horas, tendrá lugar la presentación de los libros Leyendas y relatos de Guinea Ecuatorial y Los últimos de Guinea. El fracaso de la descolonización, de José Menéndez Hernández, publicados por Sial Ediciones, en el salón de actos del Ateneo de Madrid (Calle del Prado, 21, 28014 Madrid. Tel.: 91 429 74 42).

Intervendrán en el acto:
José Luis Abellán, escritor,
Luis Prados de la Plaza, periodista y cronista de Madrid,
Juan Manuel Riesgo, profesor de Historia y vicepresidente de la Asociación Española de Africanistas,
Basilio Rodríguez Cañada, editor y presidente del PEN Club de España,
y el autor de los libros.

Con la participación especial de Suyapa Hernando.

No faltéis. Os esperamos.

Sial Ediciones
C/. Bravo Murillo, 123 - 3.º Izda.
28020 Madrid
Teléfono: 91 535 41 13 - Fax: 91 535 70 53
Correo electrónico: prensa@sialedicion.es

José Menéndez Hernández (Madrid). Licenciado en Ciencias de la Información, Doctor en Derecho, del Cuerpo Superior de Administradores Civiles del Estado, Registrador de la Propiedad y ex Magistrado del Tribunal Supremo.
Colaborador de ABC y de TVE Guinea durante la Autonomía y en Tegucigalpa en 1968.
Autor de quince libros y de más de doscientos trabajos sobre temas jurídicos.
Profesor de la Universidad Complutense durante ocho años. También docente en la Universidad de Honduras y en la de las Islas Baleares durante dos años.
Columnista de Nuevo Diario de 1972 a 1975.
Los últimos de Guinea. El fracaso de la descolonización

Guinea Ecuatorial, antigua colonia española desde 1778, obtuvo su independencia hace cuarenta años, el 12 de octubre de 1968.
Anteriormente, en 1959, los territorios españoles del golfo de Guinea adquirieron el estatus de provincias españolas ultramarinas, similar al de las provincias metropolitanas, adoptando oficialmente la denominación de Región Ecuatorial Española, regida por un gobernador general que ejercía todos los poderes civiles y militares.
En 1965, la Asamblea de la ONU aprobó un proyecto de resolución en el que se pedía a España que fijase lo antes posible la fecha para la independencia de Guinea Ecuatorial.
En septiembre de 1968, Francisco Macías Nguema fue elegido primer presidente de Guinea Ecuatorial con el apoyo de movimientos nacionalistas ecuatoguineanos.
Macías eliminó a toda la oposición política e instauró una terrorífica y catastrófica dictadura, desatando tal animadversión hacia la comunidad española que, sintiéndose seriamente amenazada, abandonó masivamente Guinea.
El primer edicto de expulsión firmado por Macías estaba destinado al autor de este libro.
José Menéndez Hernández, testigo privilegiado de los acontecimientos históricos señalados, nos ofrece una visión pormenorizada, completa, amena y real de esos años, retratando magistralmente la sociedad guineana, describiendo en detalle la convivencia entre blancos y negros así como las intrigas políticas que marcaron el futuro de Guinea y acarrearon un acentuado complejo de culpa al pueblo español por no haber sabido emancipar dignamente a la denominada Perla de Biafra.
Los últimos de Guinea. El fracaso de la descolonización desvela claves fundamentales para entender una etapa oscura de nuestro pasado reciente y describe las vicisitudes de esos hombres y mujeres que, sin tiempo para recoger sus pertenencias y liquidar sus propiedades, tuvieron que abandonar a toda prisa el paraíso que sentían como su tierra y que todavía hoy añoran.
Fueron los últimos de Guinea. Europeos en los que aún late su alma africana.

Basilio Rodríguez Cañada

Leyendas y relatos de Guinea Ecuatorial

Conocí a José Menéndez Hernández hace ahora unos dos años, cuando la Revista de Registradores de la Propiedad me encargó una entrevista con él y tuvimos una agradable y larga conversación sobre su vida y su trabajo. En nuestra charla me habló, como no, de su estancia en Guinea, donde ocupó una plaza de Registrador cuándo aún era el país colonia española, y de dónde tuvo que salir casi por la puerta de atrás cuando el presidente Macías le invitó a marcharse de una forma muy poco ortodoxa. Menéndez se refería con bien controlada nostalgia a su época guineana, y retrataba un país atractivo para el recién llegado, donde los locales convivían de forma pacífica con los representantes de la metrópoli. Recuerdo que me contó cómo, viniendo de una España marcada por la escasez y el racionamiento, le sorprendieron los mercados rutilantes, las piñas de plátanos y las canastas que rebosaban langostas vivas, y que tuvo ocasión de bucear en mares templados y azules y de leer documentos de trabajo tumbado sobre la arena de la playa
Me acordé mucho de José Menéndez hace unos meses, cuando presenté la novela Guinea escrita por Fernando Gamboa, que retrata un país desolado y sumido en la corrupción, la miseria y los constantes abusos de poder, un país a la deriva cuyos habitantes malviven mientras pueden y se resignan a perderlo todo e incluso a morir en el momento menos pensado. Se supone que los guineanos son ahora lo que no eran en los años cincuenta: ciudadanos libres. Pero me pregunto cuántos de ellos ya han decidido que la única libertad verdadera que les queda es la que llega en el momento de la muerte.
Como él mismo cuenta, cada vez que Menéndez ha hablado de los errores cometidos en el proceso descolonizador, ha sido tildado de ingenuo. Quizá lo sea, pero a veces es necesario que haya personas que apunten que las cosas se pueden hacer mejor, aunque algunas verdades escuezan y muchos prefieran taparse los oídos antes de escucharlas y asumirlas.
Ahora, de los recuerdos de su etapa en la ex colonia española, José Menéndez publica estos cuentos extraídos de donde deben salir los buenos cuentos: de la literatura oral, de la tradición, de las historias escuchadas al amor de la lumbre, en el sofoco del estío o en el fragor de una tormenta. Son relatos sencillos y hermosos, leyendas locales pasadas por el tamiz de muchas voces y muchos contadores y que, seguramente, se han deformado lo indecible desde la semilla que les diera origen. Está la historia del dolor de una madre que convierte en pájaro al hijo desaparecido; la historia del hombre cruel a quien pierde su propia capacidad para hacer el mal; la historia del enamorado que vence con el ingenio las reticencias del padre de una mujer bella; la del hombre que se niega a entregar a su hermana; la de la muchacha que sabe bien de la inexorabilidad del destino; la de la ancestral sabiduría de los hechiceros, capaces de localizar al culpable de un delito... son, en fin, cuentos para leer y , lo que es más importante, para ser leídos y contados en voz alta, lo que es, sin duda, el más perfecto destino para todos los cuentos del mundo.

Marta Rivera de la Cruz

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