sábado, 24 de octubre de 2009

Si no hay amor hay olvido de Sagrario Núñez


Queridos amigos:
El jueves 29 de octubre de 2009, a las 20.00 horas, tendrá lugar la presentación del libro Si no hay amor hay olvido, de Sagrario Núñez, publicado por Sial Ediciones, en el Café Libertad 8 (C/. Libertad, 8, 28004 Madrid. Tel.: 91 532 11 50).
Intervendrán en el acto:
Justo Bolekia Boleká, escritor y catedrático universitario,
Luis Farnox "El Mecánico del Swing", poeta y hombre orquesta,
Basilio Rodríguez Cañada, editor y presidente del PEN Club de España,
y la autora del libro.
Además, habrá otras intervenciones y sorpresas especiales.
No faltéis. Os esperamos.

Sial Ediciones
C/. Bravo Murillo, 123 - 3.º Izda.
28020 Madrid
Teléfono: 91 535 41 13 - Fax: 91 535 70 53
Correo electrónico: prensa@sialedicion.es

Sagrario Núñez Molina nace en Blanca (Murcia) el 1 de enero de 1940. Ha colaborado en diversas revistas educativas, entre las que se encuentran Nuestra voz y Gaceta escolar. Igualmente, ha sido ponente en temas educativos. Ha dirigido teatro y estrenó en Madrid, entre otras obras, Bécquer. El día y la bruma de Manuel Muñoz Hidalgo. Ha obtenido numerosos galardones literarios, a destacar el que le fue entregado por Dámaso Alonso por el relato Fuego de nopal, incluido en su libro Cuentos en la plazuela (Madrid, 2008).
Gerente y fundadora de Novoditex, ha desarrollado el arte del diseño, vestuario y atrezzo para series de televisión, teatro, cine y fotografía, material para iluminación y efectos especiales. También ha escrito varios cortos y guiones cinematográficos.
En abril de 2008 le fue concedido el Premio Literario Intercentros de la Comunidad de Madrid y en mayo del mismo año publicó, junto a escritores de gran prestigio, Cuentos para Murcia.

Si no hay amor hay olvido
No resulta difícil imaginarse a Sagrario como una niña alegre, vivaracha, imaginativa, curiosa y comunicadora. Quizá porque sigue siendo así: una niña encarnada en una persona madura, que no añosa, empeñada en retornar a los felices años de su infancia e intentando recobrar las experiencias vividas en aquellos tiempos, los paisajes de la niñez perdidos, las personas que marcaron su devenir vital, las mismas que ahora ha convertido en personajes literarios.
Hace unas pocas semanas, nos contaba en casa de Ángeles –nuestra común amiga- una historia de los mencionados años infantiles ampliamente descriptiva de cómo era la personalidad de nuestra autora.
En puertas de cumplir siete años, como cada tarde, Sagrario iba a recoger los huevos que habían puesto las gallinas durante esa jornada. Camino de los ponederos, vio en una esquina del corral a su perrita galga Gilda, que esperaba perritos (aunque ése esa un tema tabú para los niños), cómo lamía con fruición hasta romper unas bolsas gelatinosas en movimiento sobre la tierra (en las que bullía la vida), que la niña supuso serían los perritos. La criatura, en su afán de ofrecer un lecho más mullido a los recién nacidos, corrió a buscar un celemín de serrín que volcó sobre esas bolsitas húmedas y semitransparentes. Pero, nada más echar las partículas de madera sobre los perritos, que parecían croquetas perrunas, la perra pareció enloquecer, lamiendo más insistentemente a sus hijitos, en el afán de limpiarlos y de recuperar su olor natural. Sin embargo, al no lograrlo, terminó por comerse a sus pobres crías.
La tremenda impresión que causó a la niña contemplar aquella terrible escena, la hizo volver de inmediato a su casa, meterse en la cama y permanecer así varios días, sin hablar, sin decir nada. El médico, a pesar de los múltiples análisis y pruebas que la realizó, no averiguaba la etiología de la enfermedad ni acertaba con el tratamiento. La niña, de mal en peor, palidecía y adelgazaba como un gorrioncillo, aferrada a su pizarra que escondía entre las sábanas, donde solía dibujar y escribir lo que le acontecía cotidianamente. Y necesitaba imperiosamente narrar lo que había visto. Pero, ¿cómo escribir una historia tan tremenda y complicada, que además no debía haber observado? Y, ¿dónde hacerlo?
Coincidiendo con esos días de postración y abatimiento, vino a casa su hermano Antonio de vacaciones y le trajo un cuaderno, su primer cuaderno, ¡con lo que había anhelado tener uno!
De inmediato sustituyó la pizarra y el pizarrín por el flamante cuaderno y ¡por fin! pudo escribir la que le había acontecido, la primera historia, el primer relato de una experiencia vivencial, que posibilitó al médico y a su familia averiguar lo que la ocurría y así poder sanarla.
De esta manera, Sagrario aprendió una lección que a menudo ha vuelto a recordar: sufres porque estás viva. El sufrimiento nos fortalece pero es preciso externalizarlo para que no se enquiste dentro.
A partir de ese momento, una libreta que sustituyó al famoso cuaderno, y otras muchas que vinieron después, han sido fieles compañeras de viaje, en las que reflejar sensaciones, vivencias, recoger citas y sentimientos, pergeñar historias y guardar secretos inconfesables.
Pero seamos ordenados, siguiendo el ejemplo de Sagrario, y retomemos su historia. A los once años deja la escuela para atender asuntos familiares ineludibles, pero, curiosamente, lejos de cerrarse a seguir con su proceso de aprendizaje, esta dificultad la empujó a leer y a escribir con más ahínco, a abrazarse a la lengua y a la literatura como tablas de salvación, a “hacer cuentas” cada día, hasta dominar las matemáticas. Porque la niña quería convertirse en una buscadora de palabras y ser notaria de su tiempo, mientras aprendía a amasar el pan.
Tiempo más tarde, vino el matrimonio a una edad temprana (veintidós años), la alegría de los hijos: Rosario, Joaquín y Jorge, los primeros trabajos de costura, los cursos de reciclaje, de dirección y economía de empresas, la creación de Novoditex, su proyecto empresarial, los años de dieciséis horas diarias de trabajo. Tantas películas de Armiñán, Médem, Mañas, Amenábar, Almodóvar... Porque tenía que sacar su vida y a sus hijos adelante, pero sin hacer concesiones de ningún tipo. ¡Una vida bien aprovechada!
Hasta que, hace unos cuatro años y medio, por imperativo médico, finalizó su fructífera vida profesional. Pero empezó una nueva etapa creativa (con sesenta y seis años). Recuperó sus viejas libretas y decidió convertirse en escritora, en poeta. Desarrollar lo que siempre quiso ser. Así llegamos hasta el momento actual.
Si no hay amor hay olvido es una obra escrita entre los años 2006 y 2009, coincidiendo con una etapa de especial trascendencia para Sagrario, pero que en modo alguno ha logrado doblegar el espíritu luchador, la vena creativa y el positivismo vital de esta inigualable mujer.
Los años de incertidumbre, pruebas, angustias y batallas le han permitido iniciar un proceso de introspección personal y creativa, que le ha llevado a potenciar los recuerdos y vivencias de aquella chiquilla de la que hablábamos al comienzo de este pórtico, reviviendo el mundo de las experiencias perdidas para que así permanezcan eternamente en la literatura.
El libro está estructurado en dos partes: “Si no hay amor hay olvido” y “Nymphaea (Nenúfar alba)”, cerrándose con un “Colofón de esperanza”. La primera parte la componen siete soberbios relatos, de la mejor factura de la factoría Núñez Molina, enlazando así con su libro anterior, Cuentos en la plazuela, que tuvimos ocasión de publicar también en Sial en otoño del pasado año.
La segunda parte está formada por diecisiete composiciones de prosa poética, ¡qué más da la denominación!, descubriéndonos a una narradora-poeta, a una contadora de historias vehiculadas por la poesía, exponente inmejorable del arte de contar, de la mejor tradición oral que, para nuestra desgracia, ha desaparecido de nuestras casas y, sobre todo, de nuestras vidas, porque en la sociedad actual los mayores ya no cuentan, en ningún sentido.
Casi todos los relatos y composiciones poéticas están precedidos de citas que corresponden a las lecturas que acompañaron a Sagrario durante su largo periplo por las salas de espera de clínicas y hospitales que, curiosamente, solían ser poemarios de autores muy especiales para ella: Manuel Muñoz Hidalgo, Virgilio, María Victoria Atencia, Walt Whitman, Gabriela Mistral, Alberti, Lorca, Altolaguirre, San Juan de la Cruz, Miguel Hernández, Poe, Damaris Calderón, Miró, Bécquer, Teresa de Jesús, Gloria Fuertes, Ángela Figuera, Guadalupe Grande, Aleixandre, entre otros. ¡Qué magníficos compañeros de viaje para combatir la enfermedad y el desasosiego! Tiempo de quimio, radio y poesía.
En definitiva, esta obra representa un punto y seguido, ya que la autora nos hace copartícipes de su vocación inquebrantable y, muy especialmente, de su firme determinación para seguir adelante. Sagrario sabe que está en el camino y, una vez más, hace acopio de mieles y besos para endulzarnos la vida (y el ánimo), porque nos queda aún tanto por vivir y morir que sin autores como ella estaríamos a menudo tentados de tirar la toalla y darnos por vencidos.
Pero ahí, queridos lectores, está Sagrario Núñez, esta polifacética y excepcional escritora, que afirma:
Siento que este manantial, que dentro de mí fluye
producto de tu aliento, no es otra cosa
que enormes deseos de vivir.
Literatura y vida, amigos, es una magnífica combinación que, con una gotas de angostura medicinal y de nuestro licor preferido, puede curarnos de la más negra melancolía.
Bebed, pues, en la literatura y en la esperanza de Sagrario porque son puro bálsamo, aire limpio y goce existencial. Os lo aseguro. Palabra de editor y de amigo.

Basilio Rodríguez Cañada

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