martes, 8 de diciembre de 2009

Asfalto y nieve


Sobre el asfalto de Madrid llueve nieve.
Un frío glacial me atraviesa el rostro,
las manos y los pies,
para clavarse,
como un aguijón helado,
en el tuétano de la mirada.
La ciudad se sumerge en una pálida
capa de gélido algodón.

Lo cubre todo la nieve:
las ramas de los árboles, los setos,
las grandes losas de granito, los cruces,
la plaza central y las callejuelas.
El brillo del sol se ha apagado
bajo un espeso manto lívido.

Azulados perfiles de plata
hieren de muerte a un cielo
que se desangra en pálidos copos.

Huellas de pisadas recientes
en la travesía de la despedida.
Los mares a navegar
pintados de lapislázuli y oro
sobre fondo rojo.

Y la nieve no deja de caer...

Ambos sabíamos con certeza
que nuestro futuro nos separaba.

¡Apenas llegamos a conocernos!

Se me ha caído encima la madurez,
de golpe, sin darme tiempo
a eludir sus lacerantes aristas.

En los oficios del amor,
la lucha no es nunca a primera sangre.

Te puedes morir
si quieres,
mas no te lo aconsejo.
Sobre cobardes
no hay nada escrito.

Sobre el asfalto de Madrid llueve nieve.

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