miércoles, 18 de noviembre de 2009

Con los cinco sentidos de Violeta Díaz-Corralejo




Queridos amigos:

El viernes 20 de noviembre de 2009, a las 19.30 horas, tendrá lugar la presentación del libro Con los cinco sentidos, de Violeta Díaz-Corralejo, publicado por Sial Ediciones, en el Café Libertad 8 (C/. Libertad, 8, 28004 Madrid. Tel.: 91 532 11 50).

Intervendrán en el acto:

Ángel García Galiano, profesor de la UCM y escritor,
José Luis Escudero, profesor y poeta,
Basilio Rodríguez Cañada, editor y presidente del PEN Club de España,
y la autora del libro.

Además, habrá otras intervenciones y sorpresas especiales.

No faltéis. Os esperamos.

Sial Ediciones
C/. Bravo Murillo, 123 - 3.º Izda.
28020 Madrid
Teléfono: 91 535 41 13 - Fax: 91 535 70 53
Correo electrónico: prensa@sialedicion.es

Violeta Díaz-Corralejo
Licenciada en Filología Románica y en Filología Italiana, ha ejercido la docencia durante casi cuarenta años como Catedrática de Francés. Dedicada también a la investigación, trabaja especialmente sobre Dante y su Divina Comedia, que explicó durante tres cursos en el Centro Cultural Galileo de Madrid. Fruto de ese trabajo es una traducción de dicha obra, comentada canto a canto, trabajo aún inédito.
Miembro fundador de la Asociación Complutense de Dantología y de su revista Tenzone. Además de numerosos artículos, publicó un volumen sobre el significado de los gestos en el Infierno (Los gestos en la literatura medieval. Gredos, 2004).
Ha traducido también el tratado De mulieribus claris, de Boccaccio.
En paralelo con esta labor, se ha dedicado desde siempre a la creación literaria, alternando o simultaneando prosa y poesía. En 1997 obtuvo el primer premio en el VI Certamen de Poesía Libre del Ayuntamiento de El Escorial. Publicó luego los relatos Un vecino poco habitual, Un golpe de suerte, La oficina, De vida o muerte (Arco Libros, 2001-2004), y "Problemas de productividad y rendimiento", en la Primera Santología de la editorial La Discreta (2005). Mencionemos en fin su última colección de relatos: Copos de avena (2008).




Con los cinco sentidos
De todos los sentidos, la vista es la más superficial; el oído, el más orgulloso; el, olfato, el más voluptuoso; el gusto, el más supersticioso e inconstante; el tacto, el más profundo.
Diderot

Violeta Díaz-Corralejo ha simultaneado a lo largo de más de cuatro décadas una impecable carrera profesional, consagrada a su cátedra de Francés, la investigación y crítica dantiana junto con una irrevocable vocación literaria.
En efecto, esta filóloga madrileña ha formado a numerosas promociones de jóvenes, hasta culminar una brillante trayectoria como docente. En su vertiente de especialista e investigadora medievalista, dedicada sobre todo a Dante, cuenta con un reputado prestigio basado en la excelencia de sus trabajos de investigación y de crítica así como por la pulcritud de sus traducciones.
Sin embargo, a pesar de ser conocida y apreciada en su dilatada vinculación con el mundo de las Letras, nuestra autora ha querido preservar, morosamente, sus trabajos de creación literaria, de género narrativo y poético, hasta hace apenas ocho años, en que se decidió a publicar algunos relatos y, ahora, con este libro, por fin sale a la luz su poesía.
Así pues, Con los cinco sentidos no es un poemario circunstancial ni anecdótico, sino el resultado de una larga y compleja búsqueda, el fruto de un esmerado trabajo y el testimonio de un inconmensurable amor a la literatura.
Tras un poema introductorio, “Acción de gracias”, el poemario se estructura en cinco partes: “Vista”, “Tacto”, “Oído”, “Gusto” y “Olfato”, cada una de las cuales se abre con un poema que le da título a ese capítulo. El libro se cierra con último poema que sirve de colofón, “No quiero”. Noventa y dos composiciones poéticas engarzadas por una quíntuple unidad temática.
San Isidoro nos recuerda la discrepancia hallada por los antiguos acerca de que las cosas inteligibles son las que se perciben con la mente y el alma, y las cosas sensibles las que se aprecian mediante la vista y el tacto corporal. Esta desigualdad queda patente en la distribución poemática de esta obra, ya que Violeta agrupa un mayor número de poemas en torno a las partes “sensibles” (vista y tacto) y un número sensiblemente inferior en los capítulos “inteligibles”, con la excepción del oído.
El autor de Etimologías también nos dice que los cinco sentidos provienen de parte de los elementos[1], no de los cuatro, sino tan sólo del aire y la tierra; del aire, la vista, el olfato y el oído; y de la tierra, el tacto y el gusto.
Por tanto, si tenemos en cuenta el planteamiento del venerado erudito hispanorromano, el poemario de Violeta Díaz-Corralejo es más aéreo que terrenal. O lo que es lo mismo, más cálido y húmedo que frío y seco. Y así lo manifiesta en el poema que sirve de pórtico:
A ti, amiga lejana, / compañera, / presencia cálida, gruta sobre el océano, / por tu mirada cómplice / de afectos, / y tus palmas abiertas / y sonrientes. / ... / que mi piel necesita / humedad renovada en amor retrenzado / ...
Y nos lo sigue recordando a lo largo del libro. Por ejemplo, en el poema “Homo dúplex”:
Hay interiores cálidos, / abundancia / ... / Hombre plantado en tierra, / realidad inmutable, / insultante, / bifronte realidad.
Y la húmeda calidez del amor aparece muchas otras veces: En mis manos tus manos siguen tibias; tanto calor perdido; la brasa te alumbró; ovillada a tus pies ante la chimenea...
Sí, porque nos hallamos, aunque aún no lo haya mencionado, ante un poemario de amor. Bueno, de amor y de desamor, pues ambos andan siempre tan ligados que sólo podemos constatar uno ante la falta del otro.
Violeta es una sacerdotisa que se ha entregado por completo a la tarea de amar, aunque haya pagado un alto precio por ello. Porque Mi propio horror es menos negro / si tú brillas de amor. / ¡Atrévete a vivir!
Esta rotunda invitación a zambullirse en las emociones y sensaciones que nos provoca el sentimiento amoroso, impregna y perfuma todo el libro, desde los primeros versos: ¿Cómo daros las gracias por existir / Por ese amor que siento alrededor, / aceptándome entera, / haciéndome vivir... Pasando por la vista: Esos ojos me llaman, / desafiantes, / me buscan. / Me buscan, me siguen, me fijan, / acariciándome, / recorriéndome ─largamente─ el cuerpo entero / en la mirada de miel, de acero dulce / que me funde la entraña... Deteniéndose en el tacto: Piel cálida a mi alcance, / un contacto total / estremecido: / entregarse, / quererse penetrada / y envuelta / en ramas verdes, suaves, / y un tronco firme... Escuchando silencios distintos: ... y volver al refugio / del amante más sabio, / saboreando despacio / el placer del silencio. Para después estimular el paladar con los condimentos de las caricias y el sabor de tu piel. Desembocando, por fin, en los aromas más placenteros: Siento mi piel olfatear / cada soplo de viento. Para terminar con el amor instintivo de madre: No quiero dejar aquí a mis hijos, / sus problemas, / sus ojos inundados de luz centelleante / o de tibia ternura pudorosa al mirarme.
Tanto amor, de compañera, amante, amiga o madre, de mujer. Aunque jaspeado por el más cruel desamor, ése que rompe las vísceras y acongoja el alma. Porque en ciertos momentos, cuando menos lo esperamos, se parte en dos la realidad y nos desangramos en la lenta agonía por la pérdida de la persona amada. Y en ese mismo instante, la poeta grita: ¿Qué vas a hacer ahora con tanto amor? Porque sólo cuando perdemos lo que realmente necesitamos es cuando nos damos cuenta de su falta. Pero ya únicamente nos queda la memoria y el olvido. Aunque, ¿qué haces de tus recuerdos? / ¿No te lloran las yemas de los dedos / una ausencia de piel enfebrecida?
Aseguran los entendidos que siempre sufre quien más ama, aunque el otro es portador de la condena y la desdicha por no haber sabido saborear en esencia el amor: Vas a llevar mi amor / pegado a ti / de burdel en burdel, / y entre la otra y tú / mi piel, tan tuya.
Aunque no hay rencor en la poesía ─ni seguramente en la vida─ de nuestra poeta. Porque el odio y el deseo de venganza pesan, lastran nuestras alforjas y es preciso llegar al final de nuestra travesía con “lo puesto”, sin pesadas anclas que nos obliguen a seguir arrastrando la pena y la angustia del desamor. Porque es preciso encarar cada nueva mañana con la húmeda calidez, la música, el colorido y el aroma de las flores. Con la belleza de la naturaleza que nos envuelve.
Sin embargo, al final, indefectiblemente, terminamos en la tierra, fríos y secos de vida, formando parte de ella, intentando enraizarnos, para, así, poder germinar de nuevo, generando los mimbres con los que trenzar una nueva vida. Esta metamorfosis vital aparece magistralmente descrita por Violeta en su último poema, “No quiero”: ... / me seca la garganta / la negra perspectiva del agujero negro y del nunca jamás. / ... / Yo quiero estar aquí / en la tierra ─tan sólida parece─ / para siempre, y mirar... mirarlo todo. / De la tierra ─tan sólida─ deduzco la respuesta. / ... / Y me abrazo a la tierra matriz para mi mutis, / ... / disuelta en la matriz primera planetaria.
Amor, viaje, vida y muerte, componen un completo itinerario poético que recorreremos, una y otra vez, de la mano de nuestra autora. Un trayecto literario, a lo largo de los elementos básicos de la materia poética, en el que deberemos tener atentos todos los sentidos, para no perdernos un completo mundo de sensaciones, sentimientos y emociones. Porque, como muy bien asegura E. Ludwig, no por el pensamiento, sino por los sentidos, nos llega todo el conocimiento decisivo.
Y yo añadiría, tras culminar mi particular peregrinaje por la obra de Violeta Díaz-Corralejo, que quizá en la piel de la poesía se encuentran los latidos del alma.
Les invito, pues, a dejarse envolver Con los cinco sentidos, augurándoles sensaciones profundas y extremas.

Basilio Rodríguez Cañada

[1] Los cuatro elementos clásicos griegos (tierra, agua, fuego y aire) son originarios del pensamiento presocrático, permaneciendo en la filosofía occidental durante toda la Edad Media, y expandiéndose incluso hasta el Renacimiento, con gran influencia en el pensamiento y las culturas europeas.

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