miércoles, 2 de diciembre de 2009

Hija de la Dulzura


Por las veredas de la Luna
cabalga la desdicha de un amor;
de las abrasadas arenas del desierto
surge una desolación extraña.

Así debía estar escrito que ocurriese
desde el principio de los tiempos.

Perezosa odalisca,
hija de la dulzura
con palidez de lirio,
haces enloquecer al deseo.

Pétalos de aromáticas violetas,
ocultos bajo oscuro terciopelo,
me inducen a peregrinar
a través de la desnudez de su piel.
Desmesurada sed de amor
que nace en las misteriosas colinas
de azulados oasis de montaña.
Sobre pirámides de cojines
subastamos los crepúsculos
que perfuman la felicidad del hombre.

También ella enfermó del dulce mal:
sintió en los costados un brotar de alas
─infinitas aventuras
de amores prisioneros─.

Curvadas cimitarras
sus labios de canela
al rojo vivo.

En los bazares de la seda
se alzaron numerosos minaretes
que, asomados al jardín de la fuente,
recordaban la canción del agua.

Un pájaro y una flor
dormirán sin techo esta noche.
Y si no duermen,
verán vivir el cielo.

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