miércoles, 2 de diciembre de 2009

La fuente de jade



Oculta en fina seda se alza
una hermosa fuente de jade
que nunca deja de manar.

Tras curvadas montañas discurre
─escondido entre pálidas rosas─
el manantial que anhela mi sed.

Vibran orgullosos montes de luna
acompasados al galope de los caballos,
cuando bajan a comer el tierno musgo
que cubre las tierras en primavera.

Ríos de plata rompen
por ardientes precipicios;
troncos de marfil brotan
en la cálida madrugada.

Y la puerta, siempre abierta,
espera cada noche impaciente
la caricia que reclaman los goznes,
la luz que haga brillar su aldaba.

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