sábado, 9 de enero de 2010

El frío que me vela de Salomé Ortega


Queridos amigos:

El próximo martes, 12 de enero de 2010, a las 19.00 horas, tendrá lugar la presentación del libro El frío que me vela, de Salomé Ortega, publicado por Sial Ediciones, en la Sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés (C/. Serrano, 52, 7.ª planta, Madrid).

Intervendrán en el acto:
Ramón Pernas López, Director de Ámbito Cultural,
Luis García Montero, poeta, ensayista y catedrático de Literatura Española,
Pepe Viyuela, actor y poeta,
Manuel López Azorín, poeta,
Basilio Rodríguez Cañada, editor y presidente del PEN Club de España,
y la autora del libro, que hará una lectura de sus textos acompañada a la guitarra por José Gras.

Os esperamos.

Sial Ediciones
C/. Bravo Murillo, 123 - 3.º Izda.
28020 Madrid
Teléfono: 91 535 41 13 - Fax: 91 535 70 53
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Salomé Ortega nació en Campo Cámara (Granada), aunque se trasladó a Madrid siendo muy niña. Ha publicado poesía y narrativa; entre sus libros podemos destacar Los siete velos, Granada abriéndose, La sabia insinuación de las cosas, del que Luis Landero, entre otras cosas, dijo que era "una verdadera fiesta para los sentidos" y Miguel Delibes afirmó que "es una obra llena de expresividad". También ha publicado Déjame ser tu derrotada estrella, que incluye un CD en el que participan artistas y poetas como Luis Eduardo Aute, Amancio Prada, Andrés Aberasturi... Obtuvo el prestigioso premio Internacional Encarna León de la Ciudad de Melilla por su libro La alfombra de la palmera y la media luna, "una protesta bella y terrible", como dice José Antonio Marina. Perdí las estrellas prologado por Antonio Colinas y por Antonio Sánchez Trigueros es "uno de los libros más bellos que se han escrito, una joya para literatura", según Javier Lostalé. El frío que me vela es la última obra de Salomé Ortega.

El frío que me vela
Sencillez y poesía directa vuelven a tejer los versos de este poemario que destila color, otoño, melancolía y esperanza entre sus páginas. Salomé Ortega, con versos cortos, al estilo de los haikus, afrontando una poesía sin tapujos, nos sumerge en su mundo de sueños y recuerdos, en su deseo de vivir en la tranquilidad y la esperanza de quien sabe irrecuperable un esfuerzo entregado al tiempo que no tiene retorno. Las agujas del reloj la han desgajado en su caminar imparable en un cúmulo de versos que persiguen eternidades y ahuyentan miedos. En este sentido, la poesía de Salomé es una poesía reparadora, de sanaciones del alma, pero que, en su escritura, extiende un bálsamo de sosiego que ella administra perfectamente a través de la luz.
La obra está impregnada de romanticismo, entremezclado con preguntas fundamentales como los que expresa en el poema "El temblor, un verso", donde se cuestiona el arquetípico "¿quién soy?", a la vez que trata de vivir los sueños que la evaden de la realidad.
Hay una constante lucha entre esa vivencia, unida en muchas vidas, no sólo en la de la autora, que aúna en la misma persona el sentir de poeta y el sentir femenino.
Los diferentes poemas que componen la obra van desde un nostálgico y colorido “El frío que me vela”, repleto de paisajes bucólicos, externos e internos, amor con un tinte de trasnoche, y una naturaleza con espíritu de bodegón donde flota el aire de algunos amores, hasta la dureza de “El suicidio de una mariposa”, donde la luz se apaga y abre paso a una oscuridad amarga. En medio transitamos por otros versos recogidos en “Haz de Luz”, o el más romántico “En las azuladas sombras Amelie llora”, todos ellos en una constante autodefinición, un sacarse de encima la vergüenza y un reconocimiento de bondad en su existencia. Afirma Salomé: “Lo oscuro, ordena las sombras”.
Para la autora, y lo ha expresado así en libros anteriores, la vida es sueño, calderoniana, pero también es camino. Sus palabras favoritas están relacionadas con la luz, hasta afirmar: “Venero la luz / en los infinitos astros, / y el cobijo de colores / en la raya del horizonte”. A fin de cuentas la vida no es más que una sucesión de caminos más o menos iluminados que vamos recorriendo, a veces entrecruzados, a veces paralelos, pero que siempre avanzan, inexorablemente, hacia la meta última de la muerte, que es el círculo que se cierra de la vida. Llegar al final es llegar al principio.
Salomé es una luchadora. Una lucha que trata de conducir a la sabiduría. No es nueva tampoco la hipótesis de que la lucha conlleva a cierto grado de espiritualidad. Salomé entiende de otra manera la lucha, no esa guerra desaforada, sino una lucha diaria y permanente de la que a menudo sale vencedora y sale vencida. Porque sólo sabiéndose vencida es capaz de renacer y reafirmarse en el principio femenino. No es menos cierto que la sabiduría conduce la más de las veces hacia la soledad. Salomé tiene su propio universo poético, en el que reina rodeada de espejos y soledades.
La poesía es toda de estilo libre. Libre en el estilo y en los llantos. En la mejor tradición del verso sin rimas ni ataduras está expresado este libro de Salomé Ortega. No creo otra forma mejor de expresión para sus ideas.
"¿Quién soy?", se pregunta la autora. Son reflexiones no exentas de dureza crítica, a la par sinceras, pero que siempre apuntan a un deseo de superación.
"Y si me muero ahora,
¿alcanzarán la luz los pájaros
antes que mi alma?"
La vida, la muerte, son hilos de luz que componen el tapiz de nostalgias que discurren por las páginas de este poemario, reconocible en el estilo de Salomé Ortega.

Emilio Ruiz Barrachina

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