jueves, 14 de enero de 2010

Premio Vallecas Cuenta 2009


Por cuarto año consecutivo se ha fallado el Premio de Relatos Vallecas Cuenta 2009. Y este volumen recopilatorio de los textos premiados da buena cuenta de ello. Un póquer de jóvenes narradores que, sin duda alguna, les van a sorprender: Miguel Ángel González, Ernesto Fernández González, Raquel Escaño Castillo y Miguel Ángel Rey Carrasco.
Las narraciones que nos ofrecen en La muerte se está fumando mis cigarros y otros relatos, son tan variadas como los gustos, experiencias y lecturas de sus autores. Sin embargo, todas ellas denotan un innegable talento creativo y un cierto experimentalismo, posiblemente alimentado por los libros y autores de referencia de cada uno de los galardonados.
Por tanto, nos encontraremos con cuatro historias bien escritas, basadas algunas de ellas en la estética y el estilo cinematográficos, textos con tensión argumental y narrativa, con personajes bien perfilados que, como en el caso de “La muerte está fumando mis cigarros” –primer premio-, logran noquear al lector, obligándole a salir de su rutina para prestar atención a los hechos que se le narran.
Historias fantásticas, en las que el idealismo romántico, los contextos tecnológicos y futuristas, la violencia de género o ciertos aires urbanos, por ejemplo, trenzan estructuras narrativas bien urdidas y con innegables ecos de ciertos escritores de cabecera: Cortázar, Borges, Monterroso, etc.
Diderot afirma que el escritor que sobrevive a su época es el que sabe expresarla de manera más adecuada y concreta, con el mayor relieve y talento.
Los cuatro cuentistas que se incluyen en este libro demuestran tener una desbordada imaginación, han sabido “digerir” instructivas y provechosas lecturas, logran ajustar con precisión el perfil psicológico de sus personajes para que resulten creíbles, hacen gala de una irreductible vocación literaria y son, sobre todo, hijos y notarios de un tiempo que, aunque es también el nuestro, se nos escapa entre los dedos y sólo permanecerá en la literatura y en la historia, para que pueda ser comparado con lo que albergue nuestra memoria. De esta manera, los recuerdos, la ficción y la realidad, se fusionarán para, una vez convenientemente mezclados, componer así una nueva percepción del mundo: la que particularmente lleguemos a obtener cada uno de nosotros.
Por último, consideraremos, al igual que Plinio el Joven, dichosos a quienes es dado realizar cosas que merecen ser escritas, o escribir cosas dignas de ser leídas. Y felicísimos serán quienes puedan hacer las dos cosas a un tiempo. Sobre todo, si logran publicarlas y obtener el reconocimiento de sus lectores, como es el caso.

Basilio Rodríguez Cañada

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