lunes, 18 de enero de 2010

Lágrimas en la lluvia. Cine y literatura de Juan Manuel de Prada


Queridos amigos:

El jueves 28 de enero de 2009, a las 21.30 horas, tendrá lugar la presentación del libro Lágrimas en la lluvia. Cine y literatura, de Juan Manuel de Prada, publicado por Sial Ediciones, en el Teatro Kapital (C/. Atocha, 25, 28013 Madrid. Tel.: 91 420 29 06).

Intervendrán:

Ángela Vallvey, escritora,
Jaime Rosales, director de cine,
Basilio Rodríguez Cañada, editor y presidente del PEN Club de España,
y el autor.

Durante el acto se servirá un cóctel y habrá múltiples sorpresas que compartir. Os esperamos.

Importante: Imprescindible imprimir la invitación adjunta y presentar en puerta.

Sial Ediciones
C/. Bravo Murillo, 123 - 3.º Izda., 28020 Madrid
Teléfono: 91 535 41 13. Fax: 91 535 70 53
Correo electrónico: prensa@sialedicion.es
Blog: http://www.blogger.com/
Facebook: http://www.facebook.com/pages/SIAL-Ediciones/235143067848

Juan Manuel de Prada (Baracaldo, 1970).
Vivió su infancia y adolescencia en Zamora y se licenció en Derecho en Salamanca. Sus dos primeros libros, Coños y El silencio del patinador (1995), obtuvieron el aplauso de la crítica. Tras sorprender con su primera novela, Las máscaras del héroe (1996) -Premio Ojo Crítico de Narrativa de RNE-, un año después obtuvo el Premio Planeta con La tempestad, novela que le procuró una gran proyección internacional llevándolo a ser seleccionado por la revista The New Yorker entre los seis escritores europeos más prometedores del momento.
A las mencionadas obras siguieron Las esquinas del aire (2000) y Desgarrados y excéntricos (2001). Su novela La vida invisible (Premio Primavera de Novela 2003) fue distinguida, un año más tarde, con el Premio Nacional de Narrativa. Con su última novela, El séptimo velo (2007) obtuvo el Premio Biblioteca Breve que concede la editorial Seix Barral.
Colaborador habitual de prensa, su obra periodística ha merecido también algunos de los premios más relevantes, como el César González-Ruano o el Mariano de Cavia.
Sus artículos periodísticos han sido recopilados en obras como Animales de compañía (Sial, 2000) y, más recientemente, en La nueva tiranía (2009).

Lágrimas en la lluvia. Cine y literatura
Hace quince años casi que empecé a colaborar en la prensa, los mismos que llevo viviendo de la pluma. Siempre concebí mi vocación literaria como una «pasión de cercanías»; y eso me ha empujado a deshojarme en multitud de artículos que un día se leen y al día siguiente sólo sirven para envolver el pescado. El replicante de Blade Runner decía, en el memorable monólogo final de la película, que los recuerdos son «lágrimas en la lluvia» que se pierden para siempre, cuando se extingue quien les presta sustento con su memoria; y esta condición efímera y quebradiza de los recuerdos puede predicarse, desde luego, de los artículos que entregamos a la prensa, literatura volandera que, apenas entrevista, sucumbe al voraz e igualatorio olvido. Aunque no lo confiesen, a la mayoría de los escritores los guía un anhelo de perduración (no escribiremos inmortalidad, por no ponernos demasiado estupendos); pero cuando escribimos en periódicos ni siquiera nos alienta ese vago e improbable consuelo: sabemos que lo que hoy multiplican las imprentas o distribuyen instantáneamente los canales informáticos acabará, irremisiblemente, amontonado en los pudrideros de la incuria. Así y todo, seguimos deshojándonos en cientos o miles de artículos, como quien se da cabezazos contra un muro que ni siquiera se inmuta; y no lo hacemos tan sólo por ejercitar la muñeca –hay quienes sostienen, con Valle, que la colaboración periodística «avillana al estilo»–, ni siquiera por necesidad alimenticia. ¿Por qué entonces? Pues sospecho que por la misma razón que la mariposa alza el vuelo espléndido de sus alas que mañana mismo se apagarán; por la misma razón que la flor abre a la luz sus pétalos que mañana mismo se marchitarán: porque está en nuestra naturaleza, porque de algún modo misterioso en esos retazos de escritura urgente, tal vez premiosa, tal vez aturullada, está condensado nuestro designio. A Ruano, en cierta ocasión, mientras convalecía de una enfermedad en un hospital, la monja que lo cuidaba le reprochó que pusiera en peligro su recuperación emborronando nerviosamente unas cuartillas que tenía que entregar al periódico; y Ruano se defendió así: «Hemana, ¿es que no se da cuenta? Yo soy escritor, como usted es monja. No lo puedo evitar».
No lo podemos evitar, es superior a nuestras fuerzas. Escribimos por imperativo biológico; y tal vez, incluso, por encomienda divina. Y resistirnos a hacerlo es propósito estéril, tan estéril como el de Jonás, cuando trataba de escaquearse de aquel mandato de Yavé: «Levántate y ve a Nínive». Este imperativo se hace especialmente aflictivo en el escritor de periódicos, al que le ocurre lo que Julio Camba dejó testimoniado en un memorable artículo: está viajando en tren y desde la ventanilla avista a una vaca pastando en un prado; el viajero normal puede entregarse entonces a ensoñaciones bucólicas, pero el escritor de periódicos inmediatamente empieza a maquinar cómo podría introducir esa vaca pastueña en su próximo artículo. Todo lo que vivimos, todo lo que pensamos, todo lo que discurre ante nuestros sentidos, todo lo que inquiere nuestra inteligencia se convierte ipso facto en materia prima –si se quiere informe, deslavazada, caótica—para el próximo artículo; y cuanto más vivimos, cuanto más pensamos, cuanto más nos inquiere o estimula el incesante mundo, más deseos apremiantes tenemos de volcar nuestras fugitivas impresiones en un artículo. Se trata, simple y llanamente, de una manera de estar y, sobre todo, de ser en el mundo; y contra lo que somos vano empeño es rebelarse.
Yo soy, entre otras cosas (y tal vez más que ninguna otra cosa), un cinéfago insomne y un letraherido impenitente. Borges concebía el paraíso bajo la especie de una biblioteca; y yo me atrevería a añadir que en ese paraíso soñado no debería faltar tampoco una sala oscura donde se proyecten sin descanso películas. Los libros y las películas han amueblado mi vida, haciéndola más habitable; y, desde luego, han sido mi cobijo, cuando el frío invierno, y también el frío infierno, me arañaban con su angustia. No hay desdicha, por inclemente que sea, que no se haga más llevadera si a mano tenemos a estos compañeros del alma; y no hay exultación que no se haga más vívida y perdurable en su compañía. Si por mí fuera, no haría otra cosa que escribir sobre libros y sobre películas, porque en ellos está la cifra del mundo; sospecho, sin embargo, que si cediera a esta tentación mis días como escritor en periódicos estarían contados, porque vivimos en una época entregada al ruido y la furia de las pasiones bárbaras. Pero entre tantas pasiones bárbaras siempre hallamos remansos para escribir sobre lo que nos importa, como en medio de nuestras vidas idiotizadas por la prisa hallamos una tregua para sentarnos a la amena sombra de una encina; y aun ocurre que, después de ese rato pasado a la sombra de una encina, ya no queremos regresar a esa vida idiotizada por la prisa, que de repente se nos antoja vida sucedánea y no verdadera. En estas Lágrimas en la lluvia que tienes entre las manos, curioso lector, se congregan un puñado de testimonios de mi pasión indesmayable por los libros y las películas, que comenzó siendo pasión deslumbrada en la infancia, se hizo pasión devoradora y un poco enfermiza allá en la turbulenta adolescencia y hoy es pasión gustosa y aquietada en las neveras de la madurez.
Aparecieron originariamente en las publicaciones más variopintas –algunas ya tristemente fenecidas, como la benemérita revista Nickel Odeon–, pero sobre todo en el diario ABC y en la revista XL Semanal, que han sido los más hospitalarios y consoladores albergues de mis pálabras. Ahora, por empeño cordial de Basilio Rodríguez Cañada, estas Lágrimas en la lluvia encuentran otros ojos en los que copiarse: son los tuyos, curioso lector, tan codiciosos de tinta y de celuloide como los míos. Ojalá te sirvan para exorcizar el frío invierno.

Juan Manuel de Prada

jueves, 14 de enero de 2010

Premio Vallecas Cuenta 2009


Por cuarto año consecutivo se ha fallado el Premio de Relatos Vallecas Cuenta 2009. Y este volumen recopilatorio de los textos premiados da buena cuenta de ello. Un póquer de jóvenes narradores que, sin duda alguna, les van a sorprender: Miguel Ángel González, Ernesto Fernández González, Raquel Escaño Castillo y Miguel Ángel Rey Carrasco.
Las narraciones que nos ofrecen en La muerte se está fumando mis cigarros y otros relatos, son tan variadas como los gustos, experiencias y lecturas de sus autores. Sin embargo, todas ellas denotan un innegable talento creativo y un cierto experimentalismo, posiblemente alimentado por los libros y autores de referencia de cada uno de los galardonados.
Por tanto, nos encontraremos con cuatro historias bien escritas, basadas algunas de ellas en la estética y el estilo cinematográficos, textos con tensión argumental y narrativa, con personajes bien perfilados que, como en el caso de “La muerte está fumando mis cigarros” –primer premio-, logran noquear al lector, obligándole a salir de su rutina para prestar atención a los hechos que se le narran.
Historias fantásticas, en las que el idealismo romántico, los contextos tecnológicos y futuristas, la violencia de género o ciertos aires urbanos, por ejemplo, trenzan estructuras narrativas bien urdidas y con innegables ecos de ciertos escritores de cabecera: Cortázar, Borges, Monterroso, etc.
Diderot afirma que el escritor que sobrevive a su época es el que sabe expresarla de manera más adecuada y concreta, con el mayor relieve y talento.
Los cuatro cuentistas que se incluyen en este libro demuestran tener una desbordada imaginación, han sabido “digerir” instructivas y provechosas lecturas, logran ajustar con precisión el perfil psicológico de sus personajes para que resulten creíbles, hacen gala de una irreductible vocación literaria y son, sobre todo, hijos y notarios de un tiempo que, aunque es también el nuestro, se nos escapa entre los dedos y sólo permanecerá en la literatura y en la historia, para que pueda ser comparado con lo que albergue nuestra memoria. De esta manera, los recuerdos, la ficción y la realidad, se fusionarán para, una vez convenientemente mezclados, componer así una nueva percepción del mundo: la que particularmente lleguemos a obtener cada uno de nosotros.
Por último, consideraremos, al igual que Plinio el Joven, dichosos a quienes es dado realizar cosas que merecen ser escritas, o escribir cosas dignas de ser leídas. Y felicísimos serán quienes puedan hacer las dos cosas a un tiempo. Sobre todo, si logran publicarlas y obtener el reconocimiento de sus lectores, como es el caso.

Basilio Rodríguez Cañada

FINA DE CALDERÓN: LA GRAN SEÑORA DE LA POESÍA



El lunes 11 de enero por la tarde fallecía Josefina Attard y Tello, conocida por todos como Fina de Calderón, una autora internacionalmente apreciada y valorada. Esta mujer de enorme vitalidad y entusiasmo es un icono dentro del panorama cultural y poético europeo. Luchadora infatigable, nació en Madrid el 21 de agosto de 1918 y pasó su infancia en Berck-Plage (Francia), hospitalizada durante cinco años a causa de una coxalgia. Dotada de una gran inteligencia y de considerables facultades artísticas, aprovechó su larga estancia en el hospital para estudiar la carrera de violín e iniciarse en el campo de la poesía. También logró andar en contra de la opinión y diagnóstico de los médicos. Realizó el Bachillerato Superior en París así como estudios complementarios en La Sorbona. Cuando contaba tan solo once años, la gran escritora francesa Colette consigue que interpreten en la Comedia Francesa los poemas de la niña que aparecen también publicados en prestigiosas revistas literarias. Paralelamente, entabla amistad con Jean Cocteau y Francis Jammes y, como intérprete musical, actúa en la sala Pléyel formando parte de un cuarteto que apadrinó Pablo Casals.
Con posterioridad, tuvo relación con François Mauriac, Jean Paul Sartre, André Maurois, Henri de Montherlant y, muy especialmente, con André Malraux, así como con los músicos Georges Auric, Gérard Bauer, Alfred Cortot y Casadessus.
También estrechó lazos de afecto y amistad con prestigiosos e ilustres autores españoles, que incidieron en su formación intelectual y alentaron su vocación poética, tales como Juan Ramón Jiménez, Manuel y Antonio Machado, Federico García Lorca, Rafael Alberti, Miguel Hernández, Gerardo Diego, José Bergamín, Antonio Buero Vallejo, y los músicos Manuel de Falla, Joaquín Turina y Joaquín Rodrigo, con quienes colaboró como letrista, y Ernesto Halffter.
A Fina se la puede considerar una artista integral, ya que además de su quehacer poético y como compositora musical destacó también dentro de la escritura teatral, al igual que como traductora. Asimismo, es preciso poner de relieve sus ballets, que fueron representados en América y en Europa. Aunque breve, es digna de encomio su incursión en el terreno de la canción moderna, introducida por Maurice Chevalier y Edith Piaf, logrando importantes galardones en los diferentes festivales donde participó.
En febrero de 1984 fundó, gracias al respaldo del entonces Alcalde, Don Enrique Tierno Galván, el ciclo “Los Miércoles de la Poesía” que, de manera ininterrumpida, hasta pocos meses antes de su muerte, ha dirigido magistralmente durante más de veinticinco años. Una cita mensual con la literatura y la música que, desde el antiguo Centro Cultural de la Villa, rebautizado como Teatro Fernán Gómez. Centro de Arte, ha acercado a un numeroso público fiel lo mejor de la poesía española, hispanoamericana y europea, de la segunda mitad del siglo XX y comienzos de este tercer milenio.
El 29 de octubre de 2008, en un acto presidido por el actual Alcalde de Madrid, don Alberto Ruiz Gallardón, en compañía de la Concejala del Área de Gobierno de las Artes, doña Alicia Moreno, y de un nutrido grupo de intelectuales, escritores y artistas, se le tributó un merecidísimo homenaje por su intensa labor de difusión de la obra de los demás y por haber alcanzado las más altas cotas con la suya propia.
No obstante, Fina dejó pendientes de concluir dos de los proyectos que más ilusión le habrían hecho ver realizados: la creación de la Casa de la Poesía y la puesta en marcha de su propia Fundación, y que lamentablemente quizá se trunquen definitivamente con su fallecimiento. No deja de ser paradójico que quien ayudó tanto a los demás no obtuviese el respaldo necesario para ver culminada de la manera más adecuada tan excepcional y altruista entrega.
En definitiva, perdemos a una mujer irremplazable, una gran estrella del firmamento poético se ha apagado, aunque nadie podrá borrar su brillo en los corazones de quienes la conocimos.
Para ella nuestra admiración y emocionado recuerdo.

Basilio Rodríguez Cañada
Escritor, editor y presidente del PEN Club de España

miércoles, 13 de enero de 2010

Versos del amor nuevo de José Alcalá-Zamora


Queridos amigos:

El próximo martes, 19 de enero de 2010, a las 19.30 horas, tendrá lugar la presentación del libro Versos del amor nuevo, de José Alcalá-Zamora, publicado por Sial Ediciones, en la Fundación Carlos de Amberes (C/. Claudio Coello, 99, 28006 Madrid. Tel.: 91 435 22 01).

Intervendrán en el acto:
Luis Miguel Enciso Recio, catedrático y académico de la Real Academia de la Historia,
Miguel Ángel Ochoa Brun, Embajador de España y académico de la Real Academia de la Historia,
David Coll, poeta,
Basilio Rodríguez Cañada, editor y presidente del PEN Club de España,
y el autor del libro.

Recitarán poemas: Rosa María García-Calderón y Alicia Mariño.

Os esperamos.

Sial Ediciones
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Teléfono: 91 535 41 13 - Fax: 91 535 70 53
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José Alcalá-Zamora y Queipo de Llano nació en Málaga en septiembre de 1939. Es, o ha sido, excelentísima combinación y síntesis de circunstancias, saberes, ejercicios y sensibilidades: exiliado republicano, catedrático de Historia Moderna y miembro numerario (desde 1987) de la Academia de la Historia, maratoniano y triatleta, tirador de armas antiguas, ajedrecista y poeta.
Versos del amor nuevo es su trigésimo primer libro extenso de poesía. Ha compuesto ya más de cinco mil sonetos, forma canónica que prefiere sobre cualquier otra y en la cual ha tratado los más diversos temas (eróticos, amorosos, satíricos, existenciales, burlescos, existenciales, religiosos, espirituales, metaliterarios o paisajísticos) con enorme fuerza y hasta violencia. En el texto que ahora nos ofrece canta sus amores y desencuentros alternados del verano-otoño del 2009 con una misteriosa y fantástica señora, probablemente imaginaria.

La poesía de José Alcalá-Zamora abarca todas las tinieblas del alma humana y su escalpelo poético ahonda en todas las heridas del corazón y, a bordo del deslumbrante barco del soneto, del cual es prodigioso capitán, maestro indiscutible y genio absoluto, desciende a todos los abismos de la pasión y se eleva a los cielos de luz más sorprendentes. Es el soneto clásico, a la manera petrarquista, la forma métrica en la que Alcalá-Zamora se encuentra tan libre como el mar para cantar todas las miserias, todos los dolores y todos los éxtasis. La literatura tiene en este poeta una inagotable fuente del mejor lirismo, orgullosa, libre y felizmente ajeno a todas las modas, corrientes y movimientos líricos que imperan en el panorama, tantas veces desalentador, de la actual poesía española.

David Coll

sábado, 9 de enero de 2010

El frío que me vela de Salomé Ortega


Queridos amigos:

El próximo martes, 12 de enero de 2010, a las 19.00 horas, tendrá lugar la presentación del libro El frío que me vela, de Salomé Ortega, publicado por Sial Ediciones, en la Sala Ámbito Cultural de El Corte Inglés (C/. Serrano, 52, 7.ª planta, Madrid).

Intervendrán en el acto:
Ramón Pernas López, Director de Ámbito Cultural,
Luis García Montero, poeta, ensayista y catedrático de Literatura Española,
Pepe Viyuela, actor y poeta,
Manuel López Azorín, poeta,
Basilio Rodríguez Cañada, editor y presidente del PEN Club de España,
y la autora del libro, que hará una lectura de sus textos acompañada a la guitarra por José Gras.

Os esperamos.

Sial Ediciones
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Salomé Ortega nació en Campo Cámara (Granada), aunque se trasladó a Madrid siendo muy niña. Ha publicado poesía y narrativa; entre sus libros podemos destacar Los siete velos, Granada abriéndose, La sabia insinuación de las cosas, del que Luis Landero, entre otras cosas, dijo que era "una verdadera fiesta para los sentidos" y Miguel Delibes afirmó que "es una obra llena de expresividad". También ha publicado Déjame ser tu derrotada estrella, que incluye un CD en el que participan artistas y poetas como Luis Eduardo Aute, Amancio Prada, Andrés Aberasturi... Obtuvo el prestigioso premio Internacional Encarna León de la Ciudad de Melilla por su libro La alfombra de la palmera y la media luna, "una protesta bella y terrible", como dice José Antonio Marina. Perdí las estrellas prologado por Antonio Colinas y por Antonio Sánchez Trigueros es "uno de los libros más bellos que se han escrito, una joya para literatura", según Javier Lostalé. El frío que me vela es la última obra de Salomé Ortega.

El frío que me vela
Sencillez y poesía directa vuelven a tejer los versos de este poemario que destila color, otoño, melancolía y esperanza entre sus páginas. Salomé Ortega, con versos cortos, al estilo de los haikus, afrontando una poesía sin tapujos, nos sumerge en su mundo de sueños y recuerdos, en su deseo de vivir en la tranquilidad y la esperanza de quien sabe irrecuperable un esfuerzo entregado al tiempo que no tiene retorno. Las agujas del reloj la han desgajado en su caminar imparable en un cúmulo de versos que persiguen eternidades y ahuyentan miedos. En este sentido, la poesía de Salomé es una poesía reparadora, de sanaciones del alma, pero que, en su escritura, extiende un bálsamo de sosiego que ella administra perfectamente a través de la luz.
La obra está impregnada de romanticismo, entremezclado con preguntas fundamentales como los que expresa en el poema "El temblor, un verso", donde se cuestiona el arquetípico "¿quién soy?", a la vez que trata de vivir los sueños que la evaden de la realidad.
Hay una constante lucha entre esa vivencia, unida en muchas vidas, no sólo en la de la autora, que aúna en la misma persona el sentir de poeta y el sentir femenino.
Los diferentes poemas que componen la obra van desde un nostálgico y colorido “El frío que me vela”, repleto de paisajes bucólicos, externos e internos, amor con un tinte de trasnoche, y una naturaleza con espíritu de bodegón donde flota el aire de algunos amores, hasta la dureza de “El suicidio de una mariposa”, donde la luz se apaga y abre paso a una oscuridad amarga. En medio transitamos por otros versos recogidos en “Haz de Luz”, o el más romántico “En las azuladas sombras Amelie llora”, todos ellos en una constante autodefinición, un sacarse de encima la vergüenza y un reconocimiento de bondad en su existencia. Afirma Salomé: “Lo oscuro, ordena las sombras”.
Para la autora, y lo ha expresado así en libros anteriores, la vida es sueño, calderoniana, pero también es camino. Sus palabras favoritas están relacionadas con la luz, hasta afirmar: “Venero la luz / en los infinitos astros, / y el cobijo de colores / en la raya del horizonte”. A fin de cuentas la vida no es más que una sucesión de caminos más o menos iluminados que vamos recorriendo, a veces entrecruzados, a veces paralelos, pero que siempre avanzan, inexorablemente, hacia la meta última de la muerte, que es el círculo que se cierra de la vida. Llegar al final es llegar al principio.
Salomé es una luchadora. Una lucha que trata de conducir a la sabiduría. No es nueva tampoco la hipótesis de que la lucha conlleva a cierto grado de espiritualidad. Salomé entiende de otra manera la lucha, no esa guerra desaforada, sino una lucha diaria y permanente de la que a menudo sale vencedora y sale vencida. Porque sólo sabiéndose vencida es capaz de renacer y reafirmarse en el principio femenino. No es menos cierto que la sabiduría conduce la más de las veces hacia la soledad. Salomé tiene su propio universo poético, en el que reina rodeada de espejos y soledades.
La poesía es toda de estilo libre. Libre en el estilo y en los llantos. En la mejor tradición del verso sin rimas ni ataduras está expresado este libro de Salomé Ortega. No creo otra forma mejor de expresión para sus ideas.
"¿Quién soy?", se pregunta la autora. Son reflexiones no exentas de dureza crítica, a la par sinceras, pero que siempre apuntan a un deseo de superación.
"Y si me muero ahora,
¿alcanzarán la luz los pájaros
antes que mi alma?"
La vida, la muerte, son hilos de luz que componen el tapiz de nostalgias que discurren por las páginas de este poemario, reconocible en el estilo de Salomé Ortega.

Emilio Ruiz Barrachina